Conflicto agrario en el Bajo Aguán: el caso MUCA

Introducción del contexto agrario para entender la problemática del Bajo Aguán

Publicado el Martes, 31 Enero 2012. en Publicaciones

Conflicto agrario en el Bajo Aguán: el caso MUCA
El abandono del Estado hacia el sector agrario en Honduras, especialmente hacia los pequeños y pequeñas agricultoras del país, ha producido una profunda crisis en el campo hondureño. El acceso a los recursos y medios productivos es limitado y concentrado en pocas manos, produciendo hambre y desesperación en los campesinos y campesinas.

hondureñas. Según informes de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), quince personas mueren diariamente por una mala alimentación en las áreas rurales del país.

La crisis tiene sus causas. Del Presupuesto General de la República, el Estado sólo le asigna un 2.7% a la agricultura, mientras que en 1990 la inversión pública era del 11.1%. La situación es paradójica cuando el sector agrario sigue siendo la actividad que más empleos aporta, con un 34.6% de los puestos de trabajo a nivel nacional.

A pesar del discurso de los gobernantes, el acaparamiento de las tierras y la cultura del latifundio permanecen intactos, ocho de cada diez familias rurales no disponen de tierra para cultivar. En contraste con el 1% de los grandes productores y agro exportadores que concentran una tercera parte de las mejores tierras cultivables del país, lo que orilla a que la mayoría de la población rural sea empleada para estas compañías agroindustriales, en su mayoría recibiendo pagos menores al salario mínimo y sin el cumplimiento de sus derechos laborales.

Actualmente el salario agrícola promedio es de 2,759 lempiras (146 dólares), lo que ajusta únicamente para cubrir un 49.7% del total de la canasta básica de alimentos.

Por otra parte, no todos los hogares cuentan con los servicios básicos y aún existen aldeas incomunicadas con las principales vías de comunicación y transporte del país. Los municipios enfrentan autoridades locales incapaces de otorgar respuestas a la sociedad en materia de educación, salud, vivienda, seguridad y empleo.

La preocupación y desesperación por no tener qué darles de comer a sus hijos e hijas, el no visualizar un futuro prometedor como agricultores y agricultoras, y el sobrevivir vulnerablemente en un sistema prácticamente feudal en pleno siglo XXI, ha generado que la conflictividad social en el campo, donde las disputas entre los que no tienen tierra y los que tienen mucha, aumente sustancialmente.

Ante este contexto no sorprende que se expanda en el campesinado hondureño una sensación de rencor frente a un Estado que se limita a jugar un papel de árbitro en los enfrentamientos, sin replantearse la formación y promoción de verdaderos modelos de desarrollo rural.

Este es el contexto que explica en breves palabras lo que ocurre en el conflicto por las tierras en el Bajo Aguán. Una zona altamente fértil, donde la “vieja”

Reforma Agraria y el sistema bananero aparecen como fantasmas que caminan por los predios, recordados por algunos con nostalgia y por otros como etapas que también fueron incapaces de solucionar los problemas estructurales del campo.

Los tiempos han cambiado, ahora la participación de las mujeres ha crecido; los efectos negativos del cambio climático agudizan la situación; el narcotráfico se ha expandido; todo ello mientras la migración hacia el exterior se ha fortalecido como principal fuente de ingreso económico en muchas familias.

Este foto-reportaje aborda la relación conflictiva, en torno a la posesión de la tierra, entre el Movimiento Unificado Campesina del Aguán –margen derecha- y las empresas agroexportadoras de palma africana; pero también recoge los sueños, esperanzas e iniciativas en curso de los hombres, mujeres y jóvenes del MUCA en su reivindicación por el derecho a la tierra y a una vida digna.

Para la elaboración de este foto-reportaje se realizó una gira a la zona del conflicto, donde se entrevistó a dirigentes, socios y socias del MUCA; también se visitó los asentamientos de La Lempira, La Aurora y La Confianza; así como los proyectos que desarrolla el MUCA en tierras cedidas por el INA en Sinaloa.

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